WONDER WOMAN: FINAL Escrito por Tom Monroe.



WONDER WOMAN: FINAL

Cuando el hombre uniformado de negro abre la gran puerta de madera, agradece la decisión de su jefe de haber detenido a Domenika. De haber sido destruida, difícilmente se contaría en el mundo con una colección tan inmensa y valiosa de libros como la que tenía frente a sus ojos. Después del incendio que acabó con la Biblioteca de Alejandría, el ser humano había aprendido algo, por eso, esta vez no se podía cometer el mismo error. Empotrado en estantes de la mejor madera, el archivo de las amazonas se extendía por casi una manzana de diámetro, para terminar hacia el final en enormes ventanales con vista al mar. Sólo el espectáculo que contemplaron a continuación pudo reducir el impacto de lo anterior: a medida que investigaban las dependencias del palacio, llegaron a un portón de metal que llevaba engarzado un águila de oro; detrás de él, una colección de tesoros y obras de arte se ubicaban armoniosamente distribuidos en la sala dorada.

Ciertamente, Themischira había sido por siglos un centro de cultura que las amazonas intentaron proteger de la ambición y el desorden del hombre. Psycho, fascinado por el descubrimiento, había planeado durante años hacerse con el control de la Isla. La generosa energía a la que estuvo expuesto por un tiempo le permitió envejecer muy lentamente, por eso, la pérdida de las fuerzas físicas no fue un obstáculo para que pudiera ejecutar aquel plan que comenzó a idear durante la Segunda Guerra. Hitler mismo hubiera dado su imperio por haberse apoderado de este paraíso natural; años después, otro hombre de su época casi logra el cometido.

Una partida de mercenarios llega ahora, después de descender en lo que parece una habitación labrada en la roca viva, a una puerta de bronce cuyo cerrojo destrozan con sus autoritarias armas. En África, Diana había vuelto a su traje militar, por eso, cuando la luz de las antorchas ilumina el lugar, los sujetos se encuentran con piezas tan extrañas como bellas: sobre una piedra rojiza descansan una tiara, un par de brazaletes y un lazo dorado. Títulos

Los guardias que quedan en el interior del refugio casi no ofrecen resistencia a los marines que entran. Steve, recorre ansioso el lugar en busca de sus compañeros. La esperanza lo impulsa febrilmente escaleras abajo sin que dé señales de cansancio. Por fin, cuando llega a una habitación cuya puerta se encuentra derribada, Mark y Diana le salen al paso. Quizás es la debilidad causada por los hechos, pero el punto es que la amazona siente cierto dolor cuando Steve la abraza manifestando su alegría. Después la mira, le corre un mechón de cabello que cae sobre su rostro y le hace prometer que jamás desaparecerá de la misma manera. Mark, que no espera el mismo espectáculo, también recibe con alegría el caluroso saludo de amigo.

Junto a los investigadores se encuentra Etta, que recoge en su computadora los datos que el doctor Psycho les entrega. Sólo ella sonríe mientras mira a Diana cuando los expertos se preguntan por qué el prisionero se muestra tan colaborador en el interrogatorio. Las primeras preguntas se enfocan en la descripción del lugar, ya que, a pesar de la información de inteligencia, no están seguros de la extensión y las piezas del refugio. La princesa, por su parte, espera ansiosa que el detenido complete su confesión; por el apuro de ayudar a los soldados atacados por cheeta, no pudo preguntarle al doctor acerca de los aviones que se dirigían a Themischira. El doble entrenamiento militar que ha recibido en su vida, no le permiten lanzarse sin más; sabe que necesita de algunos datos antes de encaminarse hacia su Isla.

La fortaleza de Hipólita le habilita para moverse, a pesar de que la sobrecarga de energía ha empezado a afectar su cuerpo. Por eso, en la oscuridad de su celda le pide a Beau que la acompañe:
-¿A dónde mi Reina?
-Los que tenemos la responsabilidad de guiar a los demás, debemos ciertamente consultar las decisiones, pero aún así, por el bien de todas, hay cosas que no podemos confiar a nadie. Por eso, ni siquiera Domenika, la primera consejera, conoce esto- le contesta Hipólita mientras mueve una argolla en la pared que activa un mecanismo que descubre un pasadizo secreto detrás del muro de piedras.
La zona prohibida de la Isla es el único lugar en el que una amazona no puede adentrarse, las razones son varias, pero ahora los hombres armados que la invaden están por descubrir algunas de ellas. Un grupo de amazonas ha logrado escapar del ataque sorpresa, gracias a que Drusilla se encontraba en la montaña del Valle de Hermes, desde donde pudo presenciar la entrada de los intrusos a Themischira. Al poco tiempo, el grupo de mujeres que pescaba era alertado, y junto a ellas, Donna; con lo que nacía la posibilidad de una resistencia. Entre los rayos de sol que se filtran débiles por el follaje, los caballos, se detienen en la parte más densa del bosque; allí, las hijas de la Reina organizan el inminente enfrentamiento.
-¿Está segura de que vendrán por nosotras?- pregunta Donna a Drusilla que prepara su arco.
-Muy poco estuve en el mundo del hombre, pero lo suficiente para reconocer que la guerra permanece en sus corazones como en los siglos pasados- le responde su hermana sin levantar la vista del arco que tensa entre sus manos.

En el palacio, el jefe de los mercenarios se sirve de un licor cuando una flecha despedaza la botella. El hombre gira y descubre a Hipólita ubicada en el medio de la sala; sin embargo, su sorpresa mayor tiene lugar cuando dispara: los proyectiles eléctricos han perdido el efecto sobre los brazaletes, que se apoyan sobre una tela gomosa que reviste las muñecas de la Reina. Beau se acerca por detrás y simplemente le toca el hombro en señal de advertencia, pero sin hacer ningún otro movimiento. El sujeto conoce demasiado la fuerza de su oponente como para entablar una lucha, por eso, se sienta en una banqueta de mármol y hace seña a los guardias que no intenten una defensa. En las habitaciones y salas restantes, los demás individuos no corren con la misma suerte. Bajo la fuerza de unas amazonas menos contenidas que la Reina y Beau, los soldados vuelvan por el aire cuando no son tomados por el cuello hasta que imploran perdón.


En el refugio de África, el interrogatorio ha llegado al corazón del problema: una Isla misteriosa en el medio del océano es la causa de todo el despliegue del doctor Psycho.
-No hay nada- revela Etta mientras consulta el satélite en su computadora- Ninguna señal de masa terrestre en la zona que este hombre indica- Sin embargo, la oficial Candy sabe muy bien porqué, la zona aparece con un ligero cambio en la tonalidad de lo que sería agua.
-Al final de este pasillo, encontrarán un ascensor- responde el doctor acuciado por la mano de Diana que disimuladamente lleva el lazo en su mano- el mismo los llevará hacia una habitación subterránea, allí pueden encontrar toda la información. El código lo llevo escrito en mis anteojos.

La princesa de Themischira casi no puede disimular su ansiedad cuando descienden al lugar. Ella mejor que nadie sabe que tiene que evitar que el material llegue a manos de los hombres, aún de los buenos. Por eso, inusualmente, lidera la comitiva. Mientras tanto, en la sala de interrogación, Etta ha quedado detenida en el gesto del doctor Psycho en el momento final de la confesión. Cuando se acerca a preguntarle porque ha sonreído, él le responde que la moción a decir la verdad que sentía en el interior no lo obligaba a responder lo que no le preguntaban; por eso disfruta pensando en el final ya inevitable de todo. Etta Candy casi tiene que golpear al guardia que se ha quedado en la puerta del ascensor, para que la deje entrar. Sólo cuando a gritos, empieza a decir que es una trampa, el soldado mismo la acompaña desesperado para advertir al grupo. Abajo la explosión ha sucedido.

Solo para quien hubiera podido seguir por fracciones de segundo la escena, se habrían hecho claros todos los acontecimientos: en el mismo momento en que el oído de Diana registraba el grito de Etta, su ojo descubría el contador electrónico que anunciaba la trampa que acababan de activar. Con la explosión en curso, su mente, su corazón y su cuerpo -en una unidad única- pesaron las posibilidades con las que contaba antes del final. Si su cuerpo se impulsaba hacia afuera junto con el de Steve, habría sido fatal para ambos; por eso, sólo cabía una acción, que aunque a ella le costara la vida, se la salvaría al único hombre que había amado: mientras la explosión la envolvía junto con el resto del equipo, su brazo poderoso empujó lejos al Coronel Trevor que cayó cinco metros fuera de la pequeña habitación. Entonces lo inesperado ocurrió: para que la energía de Themischira se active, la amazona tiene que romper ciertas fuerzas de gravedad con un giro o golpeando sus muñecas. Pero esta vez, sin embargo, el ímpetu de un corazón entregado, llegó a todas las partes del cuerpo de la princesa, rompiendo con ello, el equilibrio que mantenía la energía fuera de ella. Y, en el mismo instante en que la onda expansiva encerraba a la princesa, la descarga proveniente de la Isla la aislaba íntegramente de ella. En la Isla, los soldados que intentaban romper el duro cristal que protegía los brazaletes la tiara y el lazo, se quedaron de una pieza cuando un centelleo que los cegaba, arrastraba tras de sí los objetos con los que querían hacerse. En África, debajo de los escombros una mano cerrada se abría camino y los levantaba; la Mujer Maravilla salía de en medio del derrumbe con una fuerza completamente renovada.

Las armas son verdaderamente complejas y poderosas. A la electricidad de los proyectiles se suma los gases especiales que son arrojados en medio del follaje. Aún así, la habilidad de lucha adquirida durante siglos hace la diferencia a favor de las amazonas. Desde los árboles, las flechas no sólo llueven inesperadamente, sino que llevan impresas una dirección infalible hacia el blanco. Donde no es posible el ataque armado, la lucha cuerpo a cuerpo lo suplanta; y, los grupos apostados en zonas más infranqueables, tienen que huir por los animales aterradores que les salen al encuentro. No es cuestión de armas frente a estos últimos; el tamaño la velocidad y la ferocidad de las bestias que los cercan, ocasionan, también en poco tiempo, una desbandada.

El final para los atacantes parece inevitable, por eso, el último recurso aparece en el cielo revestido de color negro. Una veintena de aviones rodean los edificios de Themischira y abren fuego sin piedad, ni siquiera para sus compañeros prisioneros que se encuentran debajo. Las construcciones, obras de arte arquitectónica que llevan siglos erigiéndose entre la geografía de la Isla, comienzan a desmoronarse en el medio de un humo espantoso. Pero entonces, cuando una de las naves se sitúa frente al palacio dispuesto a dispararle, pierde bruscamente su ala derecha, arrancada por un bólido de viento que la atraviesa. A Diana no le toma demasiado tiempo derribar a los primeros cincos aparatos. Los demás no logran entender la procedencia de los disparos. Ni el equipo de sus naves, ni la simple visión pueden identificar el avión invisible que sobrevuela el cielo de Themischira. Algunos deciden aterrizar forzados por la situación, otros se empeñan en el ataque. El último de ellos descubre finalmente el rostro de la amazona: En caída libre hacia el parque principal del palacio, un lazo dorado rodea el avión y lo frena evitando que se estrelle y estalle en el medio; arrastrándolo hacia arriba lo suelta en el mar, y al saltar, el piloto logra ver una mujer vestida de rojo y azul, que recoge su lazo y pasa veloz sobre el agua, suspendida en la nada.


A pesar de las heridas que tenía, fueron necesarios cinco hombres para evitar que Steve se lanzara hacia la habitación que ardía frente a él. En los brazos de Etta, arrodillado en el suelo, no podía entender que hubiera perdido a Diana para siempre. Sabía que le había salvado la vida. Por eso la amaba más todavía, por eso el dolor se extendía por toda su alma sin que hubiera manera de expulsarlo. Entre los escombros, Mark Jason, recogía los anteojos de Diana, y le contaba a Etta que la oficial Prince, en él también había confiado.
En Washington las noticias de la misión llegan a una prisión militar, al interior de una celda donde Helena Circe aguarda su juicio.
-Ahora es mi turno- expresa sin mover casi los labios, mientras sus ojos se ponen de un violeta intenso.
Frente a un acantilado, en la montaña más alta de la Isla, desde donde se tiene una visión impresionante del océano, Diana contempla la puesta del sol, mientras Hipólita se le acerca.
-Necesitamos revisar cómo acercarnos al mundo exterior- le dice la madre a la hija- Pero no serás tú quién encabece la empresa- y después de unos segundos agrega- Los hombres siguen siendo un enigma para nosotras. Ya he visto como los que se nos han acercado han terminado oscureciendo el corazón de mis hijas.
La princesa de Themishira no le contestó nada, y la Reina, arrepentida de sus últimas palabras, se retiró dejándola sola. Sabía muy bien que con su hija mayor había sido injusta. Indudablemente, el odio la envidia y el egoísmo afectan la naturaleza de una amazona en contacto con el mundo exterior, pero el amor verdadero, por el contrario, la embellece, por fuera y por dentro. Diana inmóvil, permanecía con la mirada perdida en el horizonte mientras dejaba que su cabello ondeara movido por el viento; el sol proyectaba los últimos rayos sobre la primer Mujer Maravilla, que se mostraba frente al mar, más hermosa que nunca.

FIN.

Gracias de corazón a todos los que me acompañaron. Aunque no los conozco, se que un mismo sentimiento hacia la Mujer Maravilla nos une. Y, en algún sentido, eso me basta.

Tom Monroe.

NOS VEMOS

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